Por primera vez en casi tres décadas, Estados Unidos y Japón han intervenido de manera coordinada para apuntalar el yen, una movida que genera repercusiones en los mercados de criptomonedas y otros instrumentos de alto riesgo. La operación, ejecutada la semana pasada, busca frenar la caída libre de la moneda nipona, que tocó mínimos de 40 años frente al dólar, y podría alterar el panorama de liquidez global.

Coordinación sin precedentes desde los años 90

El Banco de la Reserva Federal de Nueva York, actuando en nombre del Tesoro estadounidense, vendió euros —no dólares— a través del Fondo de Estabilización Cambiaria (ESF). Esta maniobra, la primera de su tipo desde 1998, se produjo cuando el yen se desplomó hasta 164 unidades por billete verde. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, destacó la importancia de la reunión del G20 en Carolina del Norte a finales de agosto con el gobernador del Banco de Japón (BoJ), Kazuo Ueda, subrayando la "estrecha coordinación" entre ambas naciones.

Japón, el mayor tenedor de bonos del Tesoro estadounidense, tiene acceso a la facilidad FIMA de la Fed, que permite obtener liquidez en dólares sin vender esos bonos. Bessent instó a expandir esta herramienta, argumentando que refuerza la estabilidad monetaria. Sin embargo, el economista Mohamed El-Erian advirtió que Washington queda ahora atado a la política de Tokio, cuyo éxito depende de una alineación total entre el BoJ, el Ministerio de Finanzas y la Oficina del Primer Ministro.

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Bitcoin y el carry trade del yen en la mira

La desarticulación del carry trade —estrategia que aprovecha las bajas tasas japonesas para pedir prestado en yenes e invertir en activos de mayor rendimiento— es un factor clave. A medida que el BoJ se aleja de décadas de tipos ultrabajos, la repatriación de capital por parte de inversores nipones podría comprimir la liquidez global. Los rendimientos de los bonos japoneses a dos años superaron el 1,57% el lunes, señal de que el fin de las tasas negativas se acerca más rápido de lo previsto.

Para Bitcoin (BTC) y otros activos de riesgo, este escenario plantea una paradoja: aunque una crisis de liquidez por el desarme del carry trade puede ser negativa a corto plazo, la intervención conjunta inyecta dólares al sistema a través de FIMA, lo que podría impulsar la cotización de las criptomonedas si la liquidez global se expande. Analistas señalan que la historia muestra que Bitcoin suele beneficiarse de políticas monetarias expansivas, aunque la incertidumbre regulatoria y la volatilidad del yen añaden capas de complejidad.

Implicaciones para los inversores

La intervención no está exenta de críticas. Algunos expertos temen que el compromiso de Washington con Tokio limite su margen de maniobra futura. Mientras tanto, los mercados observan si esta acción conjunta estabilizará el yen o si, por el contrario, acelerará la salida de capitales de Japón. En cualquier caso, Bitcoin y los activos de riesgo deberán navegar en un entorno donde las decisiones de política monetaria de dos de las mayores economías del mundo se entrelazan más que nunca.

Este artículo es solo con fines informativos y no constituye asesoría de inversión. Se recomienda realizar investigación propia antes de tomar decisiones financieras.

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